Sembrar Valores
     
 
41- Diciembre - enero 2011Entrevistas
Choly Berreteaga
Receta para cambiar el mundo
Una conversación con la cocinera que más años lleva en la televisión argentina disparó la reflexión sobre el sentido de la entrega a los demás. Presentamos a una Choly convertida en metáfora.
Las historias personales se transforman con gestos de entrega. Minúsculos o colosales, gestos de alguien que se da. ¿Pero qué es un gesto de entrega? Choly, sus palabras, sus recuerdos, su recorrido vital y mediático, fueron desplazando el diálogo del eje –la cocina-, y se convirtieron en ese gesto. Y seguimos la conversación con este prisma caprichoso.
Choly Berreteaga es una cocinera que lleva más de 47 años ininterrumpidos compartiendo recetas en televisión.
Actualmente conduce Choly con la gente, por la señal Utilísima. Publicó, además, 51 libros de cocina. Madre de dos, abuela de 4. Familiera compulsiva. Eso hace Choly. Pero lo curioso está en el cómo, en el trasfondo de la imagen y del maquillaje.
¿Qué es un gesto de entrega?, nos preguntábamos. No resulta un tema menor. El gesto de entrega es transformador, en la relación entre padres e hijos, entre los cónyuges, entre el alumno y el docente. Entre cada persona y los excluidos de nuestra sociedad.
"Cocinar es un acto de amor, porque uno lo hace pensando en el otro”
Choly es un mosaico compuesto por pequeños gestos. “Cocinar es un acto de amor”, repite durante la conversación, y algo en su voz permite entender que no pronuncia un latiguillo, un lugar común, sino una convicción arraigada.
  Un gesto para el otro
Quizá la impronta que caracteriza los movimientos de Choly, ya desde chica, es la capacidad para concentrarse en los demás. Así vive su vocación por la cocina. “Lo primero, antes de imaginar la receta, es pensar qué le gustaría comer al otro”, recomienda. Un secreto de cocina que se amplifica y da sentido a otras facetas de la existencia.
Choly estuvo casada 54 años con El Vasco, quien falleció hace dos. “Casi me voy yo atrás”, salpica ella, con ese humor simple que no disimula el dolor.
–¿Podría elegir un valor fundante de su matrimonio?
–Lo principal es la comprensión. Saber valorar al otro y, sobre todo, dar espacio a cada uno. Mi marido y yo teníamos gustos tan distintos que si no hubiésemos sido tan respetuosos no hubiéramos podido perdurar tanto tiempo, y bien. Porque una cosa es perdurar a los golpes y otra cosa es bien. Él era un vasco impresionante, deportista, nadador…
… y sigue, enamorada, describiendo al hombre de boina y salud repentinamente frágil con quien gestó la familia que hoy la enorgullece. Choly deja entrever que hay algo en esto de los gestos de afecto que implica un breve desplazamiento. No soy el centro, el foco está en el otro: mi mujer, mi marido, mi amigo, el hombre que duerme en la calle empapado de cielo, de frío y de abandono.
  Un gesto apasionado
¿Por qué una mujer que supera los 75 años vuelve a firmar contrato con una señal de cable para continuar con su programa? Avanzaron los años y, como a todos, se le habrá planteado la posibilidad de frenar, cerrarse, o seguir brindándose sin descanso. La persona apasionada por lo que hace no deja de darse. Para Choly, la cocina, los espectadores, sus hijos, sobrinos y nietos son un llamado constante a estar activa.
Maneja un concepto de la comunicación que muchos profesionales del área todavía ignoran: comunicar es construir vínculos. “Siempre me gustó esto de conducir, porque puedo hablarle a la gente. Trato de que el programa alimente el estómago y el espíritu, por eso comparto algunas frases de libros que me parece pueden dejar algo en el televidente”. Después, los espectadores la llaman para conseguir el libro y leerlo entero.
Es que el gesto nace del vínculo, del interés por conocer y por dejar algo positivo en el otro. De la capacidad de recibir lo bueno del que se tiene enfrente. Una vez que se prueba esa dinámica, dicen los que la vivieron, se convierte en pasión.
  Un gesto creativo y permanente
El gesto de entrega es una creación que se da. Sonará exagerado, pero ver a Choly manipulando ingredientes es, sin dudas, una analogía de quien cincela un mármol para expresar algo al mundo.
Así, en la vida de Choly fueron brotando programas y programas, libros y libros, anécdotas y anécdotas junto a los suyos, evidenciadas en la cantidad de fotos familiares que van salpicando con vida su departamento capitalino.
“Creo que permanecí por mi perfil bajo, porque no me consideré una estrella, y porque asociamos el programa al concepto de familia”.
La historia de Choly está subrayada por la permanencia, pero una permanencia dinámica, como un movimiento concéntrico. Sería difícil hablar de familia, de gestos transformadores de la vida sin personas que permanecen, fieles, enamoradas, apasionadas. Y lo que Choly vivió en su casa, sucedió también en la tele: 47 años de carrera constante al aire. “Creo que permanecí por mi perfil bajo, porque no me consideré una estrella, y porque asociamos el programa al concepto de familia”.
¿Y el tiempo? Es un límite para la creatividad, para la entrega, para el amor. Cuando no hay tiempo, no hay vínculos, y lo padecen los que más nos necesitan. La creatividad se adapta al tiempo, y recuerda que el gesto es simple. Usando la jerga que ella conoce: “La cocina se puede simplificar”, y, quizá sin saberlo, Choly nos enseñó que siempre hay espacio para darse.
  Un gesto luchador
A Choly la conocemos enmarcada por la tele o por las portadas de los libros, radiante, con su humor pícaro y despierto. Pero, detrás del montaje, está la historia en la trinchera. En la mitad de su vida, su marido tuvo un inconveniente de salud y ya no pudo volver a trabajar. Choly fue, entonces, maestra de cocina en los secundarios profesionales de aquel entonces. Hasta que decidió ir al espacio “Hoy colabora usted”, dentro del programa Buenas tardes, mucho gusto, que proponía a la audiencia acercarse y mostrar alguna destreza. Entre las categorías, estaba la cocina, y Choly se animó. En su primera aparición televisiva, los productores supieron que tenía un don como conductora y, luego, siguieron las casi 5 décadas de tele, cocina y familia.
–¿Te considerás una luchadora?
–Sí. Porque en ese momento me pude haber quedado llorando abrazada a la almohada, con mi marido y mis chicos… pero fui perseverante y luchadora, y así fui una mujer feliz.
  Un gesto honesto
"Se puede estar cayendo el estudio que yo no paro de hablar. Lo primordial es ser natural”.
En vivo. Una cacerola, otra. Bajar un fuego, picar aquella verdura, trasladar la fuente a la otra mesada, y de golpe… todo se cae al piso. Imposible cortar, imposible explicar. “Me ha pasado. Me levanto y le digo a la cámara: ‘Soy humana, a usted también le pasa, señora, ¿no?’ Y sigo hablando como si nada. Se puede estar cayendo el estudio que yo no paro de hablar. Lo primordial es ser natural”.
–¿Qué es lo principal para una receta?
–La honestidad– sorprende. El diálogo con Choly oscila entre lo fáctico (el plato, el ingrediente) y el motor de todo eso: una vida formada por una secuencia de gestos. Sigue: “No muestro una receta en tele que no haya probado antes”. La entrega que transforma es sincera, o no es.
  Un gesto completo
Choly fue amasada con calma por las manos de sus padres, inmigrantes de corazón (y cacerola) grande, que solían alimentar en su casa a vecinos y parientes que no tenían qué comer. Eso la marcó. La cocina para otros, la cocina inclusiva, la cocina gesto, la cocina don. Es una muestra más de cómo los gestos hacia los demás son contagiosos, son escuela de vida, sobre todo, para los más chicos.
No podés salir malo si tuviste una buena infancia. Necesitamos recibir para dar amor.
–¿Una memoria de la infancia?
–Fui una niña muy feliz, muy amada. Cuando los padres dan cariño, siempre salís bien. No podés salir malo si tuviste una buena infancia. Eso es una lección. Necesitamos recibir para dar amor.
Inevitablemente, esa respuesta sacude, se vuelve un sonido tan intenso que aturde. Foco en los niños. En los nuestros, en los ajenos, que también nos corresponden. Ese amor, que es afecto y límite, que demuestra al otro que alguien se preocupó y se entregó gratuitamente por él. Ése es el gesto definitivo.
Mientras conversábamos, el sol empezó a desmoronarse. La maestra cocinera resultó, ante todo, una metáfora que lleva a pensar en algo más que en ella misma. El día de la entrevista coincide con el que sería el cumpleaños de su marido. Están por llegar su hija, un nieto y una sobrina. Falta cada vez menos. Mientras nos despedimos, señala la cocina y remata: “Ya mismo empiezo a cocinarles”.
CREDITOS: Luciano Porzio
Lic. en Comunicación
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¿Dónde verla hoy?  
María Esther Brañeiro, Choly
Ciudadana ilustre del partido de Morón, vive la mayor parte de la semana en Castelar, provincia de Buenos Aires, en la casa que heredó de su madre y donde compartió la vida con su marido el Vasco Berreteaga (con él tuvo dos hijos, uno de los cuales falleció pequeño). Podés verla en Choly con la gente, por Utilísima. Tiene repeticiones todos los días en horarios diversos. Consultá la grilla en www.utilisma.com.
CINE
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