Sembrar Valores
     
 
51- Agosto - Setiembre 2012Entrevistas
Juan Pablo Berra
Conexión real y profunda
Si hay un especialista en comunicación interpersonal y comunicación para cuidar los vínculos, ese es Juan Pablo Berra. Cientos de actividades en distintos lugares del país lo confirman.
Juan Pablo Berra nos recibe en su casa en San Fernando, y aunque abrigado, está vestido de blanco. Lo encontramos recogiendo las hojas de la vereda, tarea tan habitual para todos los que vivimos en las afueras de las ciudades.
  SV: De acuerdo con tu experiencia, ¿cuáles son las causas que traban la comunicación entre padres e hijos?
JPB: Esta problemática que nos toca vivir pone en jaque a la comunicación y a la familia. Desnuda las dificultades que todos los miembros de la familia tienen para comunicar por que entran en juego competencias externas que es difícil incorporar sapiencialmente para la vida y dificultades personales para salir al encuentro de las demás personas.
Hay dos grandes temas: cómo poder vivir la comunicación a fondo con los vínculos y cómo utilizar lo que nos jaquea a favor de la comunicación.
Los padres están inquietos por las situaciones de riesgos: las redes sociales y bullying para los más chicos, abuso de alcohol y manejo del automóvil, salidas, violencia, mal uso de la sexualidad. Un tema más: la educación basada en información y algo de espíritu crítico.
Sin embargo, este escenario nos ofrece una gran oportunidad puesto que genera una enrome necesidad de hablar estos temas. Entonces, el que se sabe comunicar, convierte el riesgo en fortaleza.
  SV: ¿Cómo ves la relación entre comunicación e información?
JPB: Si bien la información es indispensable porque sin esta no se puede hacer intercambio de opiniones, un montón de información no produce una opinión, faltan procesos internos, intensidad y solidez para generar el vínculo. Hace falta crear espacios y tiempos para la familia y los grupos de pertenencia para que todos podamos experimentar el placer de comunicar.
Los chicos no tienen prácticas habituales de comunicación. En el mejor de los casos, salen de la escuela muy informados pero incapacitados para un tema más profundo, para compartir experiencias, revelar sentimientos, y no hay espacios. Al no poder expresar en gestos ni palabras lo que piensan y sienten, necesitan decirlo de otras maneras. Generalmente se vuelcan a la violencia y/o a conductas adictivas.
No estamos preparados culturalmente para manifestar los sentimientos. Para expresar nuestras necesidades y deseos, primero hay que poder registrarlos. Si no tenés buen registro, vas a vivir en función de las expectativas y los deseos de los demás. Si un chico no tiene registro de lo que no quiere, se va a dejar llevar por la elección grupal.
  SV: Entonces, hagamos un poco más de foco en la comunicación de los jóvenes y adolescentes. ¿Es la etapa en la cual los padres se preocupan más?
JPB: Es así. Los padres generalmente llegan porque tienen algún tema con un hijo adolescente o con un grupo. Ante la situación de riesgo, los padres se preguntan ¿qué hacemos?
Hoy no hay espacio para prohibir, hay que ir por el autocontrol o con una propuesta mejor. La sociedad ofrece conductas abusivas y adictivas. ¿Qué proponemos?
Nuestra invitación es superadora y consiste en habilitar niveles de comunicación profunda, llegar a una conexión real, que haya conectividad, intimidad, llegar a un placer de comunicación más intenso, más sólido, más solidario, más valorable.
Nadie cuida lo que no valora. En las situaciones de riesgo, los adolescentes no tienen miedo y a esto se suma la falta de valoración personal, la baja estima que tienen de sí mismos y del otro. Lo que quiero lo cuido, no dejo que le pase nada malo. Lo mismo que pasa de padres a hijos, pasa entre los amigos, falta comunicación, falta lo entrañable.
FICHA TÉCNICA

Juan Pablo Berra está casado con Inés Gramajo y tiene
dos hijas, Candela y Belén.

Es profesor de Filosofía, licenciado en teología y autor
de los libros: Los siete niveles de comunicación, Con los
adolescentes, ¿quién se anima?, Los novios de Caná.

Es fundador, junto a su esposa, de EPPA (Equipos Promotores de Prevención de Adicciones).

En Facebook:
Eppa Padres Escuchar.
Los grandes desafíos de hoy no se enfrentan con un miedo que paraliza sino con una propuesta más humana.
Darse a conocer sin máscara es la plenitud de la comunicación, pero poder mostrar a alguien nuestras sombras, el lado oscuro, nos da un gran descanso, con los amigos, con la pareja. Sin esto, hay que estar todo el día como en guardia, defendiéndose, en tensión.
Hay una avidez enorme en los jóvenes porque no cierran las cuentas existenciales con los vínculos, no saben para dónde arrancar. Están marcados por el aburrimiento y la voracidad. Cuando se generan espacios donde pueden comunicar lo que están viviendo son hitos de encuentro inolvidables que generan pertenencia.
  SV: ¿A qué edad habría que empezar a desarrollar estas habilidades?
JPB: Pienso que hay que empezar desde muy chicos y que el momento crítico son los 11 o 12 años, cuando empiezan a reflexionar sobre sí mismos. Si esta habilidad no se alimenta, se bloquea.
Los chicos se aburren en el colegio. Suelo comparar al ser humano con una guitarra que tiene siete cuerdas y están tocando todo el día la misma. Estamos ante un gran reto de la pedagogía actual
Yo veo tres modelos de docentes:
•El que da cátedra. Este modelo con internet muere y al profesor le falta adecuación a las nuevas realidades.
•Aquel para quien todo es motivarlos, tocar la emoción. Es un paso positivo pero puede convertirse en una propuesta adictiva. El chico espera todo el tiempo la motivación cuando el horizonte debería ser llegar a la experiencia del aprendizaje.
•Un docente que involucre su vida en el conocimiento transmitido como experiencia.
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lo que no tiene. La comunicación con los hijos es directamente proporcional a la que se tiene en la pareja. Ahí se juega el gran partido. Los dos trabajan, hacen cosas totalmente diferentes y tienen en común una enorme cantidad de temas referidos a otros, generalmente a los hijos.
Les toca desarrollar habilidades para llegar a fondo en poco tiempo, hay que generar el espacio y el modo de ir a fondo.
  SV: ¿Qué lugar ocupa la comunicación ante esta especie de “epidemia” de separaciones en cualquier etapa del matrimonio?
JPB: Está bastante estudiado. Hay una crisis de los 25 años, cuando los hijos se van y se reencuentran las personas y no saben quién es el otro porque no han cultivado el vínculo en el “mientras tanto”. Se sostuvo por la educación y el sustento de los hijos pero no como pareja. Llega una gran crisis, que alcanza tanto a los de muchos como los de pocos años porque carecen de herramientas mínimas para conocerse a fondo y tiran por la borda 25, 50 años de vida compartida porque no le permiten al vínculo jugar el papel que puede jugar. Carecen de las herramientas mínimas y entonces queda el "zapping de los vínculos".
Nadie cuida lo que no valora. En las situaciones de riesgo, los adolescentes no tienen miedo y a esto se suma la falta de valoración personal, la baja estima que tienen de sí mismos y del otro.
Se llega a esta situación por muchas razones. Está la cuestión cultural contemporánea que propone comunicación en los niveles más superficiales entonces siempre es superficial, se gasta un poco el vínculo y voy a otro sin llegar nunca a profundizar de verdad.
Para mí, uno de los fundamentos hoy de la maravilla de vivir con una persona muchos años es poder vivir a fondo la comunicación. Por el contrario, si uno hace zapping, no llega a conocer a la persona con la que convive.
Al vivir del flash, desde el deslumbramiento hay un placer que se pierde. Integrarse con otra persona como seres humanos plenamente con las sombras y dolores lo reivindico en la sucesión en el tiempo porque es la única forma de alcanzar ese conocimiento. Para que haya comunicación tiene que haber tiempo.
Y esto nos lleva a algo más profundo. ¿Qué fundamenta el vínculo?: el vínculo. Las crisis que estamos viviendo en la vida matrimonial hacen jaque al contrato, no se pude permanecer por un contrato. Esta nueva situación obliga a poner en la agenda: por qué vale la pena compartir la vida con alguien.
Están también esas personas muy exitosas en lo laboral, porque tienen un objetivo profesional pero naufragan en lo personal. También en lo laboral hay muchos que fracasan por debilidades de comunicación, no porque no sepan o no puedan hacer lo que deben.
Estoy en contra de las separaciones de tres meses, de un año sin darle la posibilidad al vínculo. Hay muchas parejas que fracasan no porque no se quieran o porque no quieran, sino porque les faltan las habilidades comunicacionales para conocer y darse a conocer.
Los grandes desafíos de este tiempo nos llevan a sacar lo mejor de nosotros mismos, no los miedos, los peligros; si no, no va a funcionar. Hay que redoblar la apuesta desde lo vincular.
  SV: Vos hablás de que hay que aprender, hay que formar cuando muchas personas piensan que la comunicación es algo intuitivo, instintivo. ¿Cuánto hay de esto?
JPB: La capacidad propia del ser humano es aprender. Todos tendemos naturalmente a la comunicación. La maravilla es que en la comunicación hay una gran maestra que es la práctica. Hay que apropiarse de herramientas muy sencillas y después dedicarse la práctica. Porque no es hablando de la comunicación como se vive.
LOS SIETE NIVELES DE COMUNICACIÓN

Extraído del libro homónimo de Juan Pablo Berra, 2009.


- 1.Nivel informativo: Comentamos lo que hacemos: relatamos lo que hicimos durante el día como si fuera un noticiero. Podemos ser sintéticos o con detalles (hay muchos subniveles). Este nivel es muy importante para nuestra cultura marcada por la eficiencia, los roles y funciones. Ocupa el 85%-90% de toda nuestra comunicación.

- 2.Nivel de opiniones: Nos relacionamos desde lo que pensamos: diálogo acerca de algo que está pasando. Opinamos acerca de distintas cosas. No me revela, ni me rebela.

- 3.Nivel de historias de vida: Comunicamos experiencias de vida: compartimos con otros nuestras experiencias de vida, aquellas cosas que nos marcaron a lo largo de la vida como hechos positivos y negativos. Compartimos los valores y desvalores que aprendimos en la vida cotidiana y que queremos vivir en nuestra vida, lo que aprendimos en nuestra familia, el barrio, etc. Compartimos entre el 5% al 10% de nuestra comunicación.
- 4.Nivel de sentimientos: Revelamos nuestros sentimientos: todo aquello que nos da bronca, miedo, vergüenza, tristeza, alegría, gozo, etc.

- 5.Nivel de deseos y necesidades: Desnudamos lo que necesitamos: somos personas necesitadas con deseos propios. La diferencia con los reclamos. Revelamos nuestros límites. Somos vulnerables apenas el 5% de nuestra comunicación.

- 6.Nivel de la propia mismidad: Nos encontramos con nuestro ser más profundo y el ser más profundo del otro. Soy yo mismo sin máscaras. Este con-tacto implica que también integramos a nuestro cuerpo. Aquí nos encontramos con la fuente de nuestra creatividad y entusiasmo. Estamos frente a nuestro misterio inagotable.

- 7.Nivel de la trascendencia: Nuestro yo más profundo puede desbordar o abrirnos a lo que el viviente cree, necesita, siente y es… Es la experiencia de Dios, al alcance de todos.
Cata, 20 años.

¿Qué herramientas nos daría para empezar a crecer en el camino de la comunicación, para aplicarlas en el día a día y cuáles son las cosas que considera más importante cuando hay una buena comunicación?

El nivel de comunicación depende de la calidad de escucha. La profundidad de la comunicación se identifica con la calidad de escucha. La escucha es un momento activo, no pasivo. Diálogo es uno que habla y otro que escucha. Un “duologos” es cuando dos personas hablan pero no se escuchan. La comunicación exige el involucramiento de corazón con la otra persona que está habilitando. Escucha atenta, amorosa, tierna. Sin interrumpir, ni juzgar, ni interpretar, ni aconsejar. Parecen cuestiones básicas pero tardamos 100 años para aprender cada una.
Fran, 15 años.

¿Qué opina de la "comunicación" en las redes sociales?

Crean una oportunidad mágica para el diálogo entre padres e hijos, qué acordamos, cómo, cuándo, dónde utilizarlas, qué sí y qué no. La prohibición no alcanza. Acordar lo que es íntimo para cada uno.
Ejemplo: Por acuerdo el hijo permite al padre estar en su Facebook pero para el chico es un quemo que el papá ponga "Me gusta".
CREDITOS: María Lescano | Periodista | enviar e-mail a Maria Lescano
FUENTE: Entrevistaron: Marcela Capatti y María Amalia Caballero.
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